Ceuta no cabe en una frontera


Ceuta aparece demasiadas veces ante nosotros únicamente cuando la frontera se convierte en noticia. Entonces vemos imágenes de personas que intentan entrar, policías, controles, alambradas, declaraciones políticas y cifras. Durante unos días, aquella pequeña porción de España en el norte de África ocupa el centro de la conversación pública; después vuelve a desaparecer. Ese modo intermitente de mirar Ceuta constituye ya parte del problema. Una ciudad no puede ser comprendida solamente desde aquello que la amenaza. Hay que preguntarse también por aquello que la sostiene, por quienes viven en ella, por sus posibilidades y por el futuro que queremos construir allí. Ceuta no puede reducirse a una frontera, porque antes que frontera es ciudad. 

Ser realistas exige reconocer que Ceuta ocupa una posición especialmente compleja. España tiene el derecho y el deber de controlar sus fronteras, garantizar la seguridad y ordenar los movimientos migratorios conforme a la ley. Negarlo sería ingenuo. Pero la misma realidad obliga a reconocer que detrás de esos movimientos hay personas, muchas veces jóvenes, empujadas por circunstancias económicas, sociales o políticas que no desaparecen simplemente levantando una barrera. Seguridad y humanidad no deberían presentarse como alternativas. Una democracia madura debe ser capaz de proteger una frontera sin dejar de proteger la dignidad humana. El orden y la solidaridad no son necesariamente enemigos cuando existen leyes claras, recursos suficientes y una política sostenida en el tiempo. 

Tampoco puede convertirse Ceuta en el termómetro permanente de nuestras relaciones con Marruecos. La cooperación entre ambos países es imprescindible para gestionar los flujos migratorios, luchar contra las redes que trafican con seres humanos y garantizar la normalidad de los pasos fronterizos. Pero una relación entre Estados necesita estabilidad, transparencia y previsibilidad. Y, sobre todo, Ceuta necesita algo más que una política fronteriza. La mejor política para Ceuta consiste en pensar en la ciudad: vivienda, educación, empleo juvenil, universidad, formación profesional, puerto, comercio, turismo, patrimonio histórico, innovación y mejores conexiones con la península. No basta con invertir en vigilancia. Hay que invertir también en oportunidades. Una frontera será siempre más fuerte cuando detrás de ella exista una sociedad cohesionada y con expectativas de futuro. 

Ceuta posee, además, un valor que a veces pasa inadvertido. En ella conviven desde hace mucho tiempo culturas, religiones y tradiciones diferentes. Cristianos, musulmanes, judíos e hindúes forman parte de una historia común que no debe idealizarse, porque toda convivencia conoce tensiones y dificultades, pero tampoco debe ser minusvalorada. En una Europa donde las identidades pueden convertirse rápidamente en trincheras, Ceuta ofrece una experiencia singular. La convivencia no consiste en que todos pensemos de la misma manera ni en borrar las diferencias, sino en aprender a compartir una misma ciudad, unas instituciones y un destino común. Ese patrimonio humano merece tanta atención como sus murallas, sus fortalezas o su posición geográfica. 

Por eso convendría cambiar la imagen con la que pensamos Ceuta. No verla únicamente como la última esquina de Europa frente a África, sino como uno de los lugares donde ambas realidades se encuentran. Una frontera puede ser muro, ciertamente, pero también puede convertirse en umbral. Para conseguirlo hacen falta seguridad y responsabilidad, pero también inteligencia política, cooperación, educación e inversión. Ceuta necesita menos retórica y más proyecto; menos utilización coyuntural y más presencia sostenida; menos atención cuando surge una crisis y más compromiso cuando las cámaras se marchan. Cuidar Ceuta no consiste únicamente en defender una línea sobre el mapa. Consiste en cuidar a quienes viven allí, fortalecer sus oportunidades y hacerles sentir que no ocupan la periferia de nuestras preocupaciones. No olvidemos a Ceuta cuando deje de ser noticia. 


Nota de Vida Ascendente Tenerife ante el fallecimiento de Mons. Bernardo Álvarez Bravo, Obispo Emérito de la Diócesis Nivariense


Queridos hermanos y hermanas: 

En nombre de Vida Ascendente de Tenerife, y muy especialmente en nombre de su presidenta, Encarna, y de la Comisión Diocesana, queremos expresar nuestro profundo sentimiento ante la noticia del fallecimiento de nuestro querido Obispo Emérito, Mons. Bernardo Álvarez Bravo. Su partida al encuentro definitivo con el Señor nos conmueve, pero al mismo tiempo nos llena de esperanza cristiana, esa que él mismo nos animó siempre a vivir con alegría y confianza. 

Damos gracias a Dios por la vida entregada de don Bernardo, por su ministerio fecundo y por su cercanía constante hacia nuestro movimiento. Siempre encontramos en él un pastor disponible, atento a las personas mayores y profundamente convencido del valor que los mayores aportan a la Iglesia y a la sociedad. A lo largo de estos años, nos alentó a caminar con firmeza en la fe, a cultivar la amistad espiritual y a servir con humildad allí donde la vida nos coloca. Su apoyo silencioso, su palabra oportuna y su espíritu de colaboración han sido parte esencial de nuestro recorrido como movimiento. 

Queremos destacar, con sincera gratitud, su confianza en Vida Ascendente y su impulso para que siguiéramos creciendo como espacio de encuentro, acompañamiento y evangelización. Don Bernardo supo reconocer en nuestros mayores un verdadero tesoro eclesial, y por eso nos alentó a vivir con serenidad esta etapa de la vida como un tiempo de gracia, de sabiduría compartida y de testimonio humilde y luminoso. Su cercanía en cada encuentro diocesano, su aprecio por nuestros grupos parroquiales y su palabra siempre animosa permanecerán en nuestra memoria. 

Hoy, conmovidos pero esperanzados, aseguramos nuestra oración por su eterno descanso, pidiendo al Señor Resucitado que lo acoja en su paz y en la plenitud de su Reino. Ofrecemos también nuestra cercanía espiritual a su familia, a nuestros hermanos sacerdotes y a toda la Iglesia diocesana que él pastoreó con dedicación durante tantos años. Con espíritu de comunión, nos unimos especialmente a nuestro Obispo, Mons. Eloy Alberto Santiago, en este momento de despedida y gratitud. 

Que la Virgen de Candelaria, a quien don Bernardo confió tantas veces su ministerio y su vida, lo acompañe ahora a la Casa del Padre. Y que nosotros sepamos honrar su memoria manteniendo vivo nuestro compromiso evangelizador, con la misma fe serena y confiada que él nos pedía. Descanse en la paz del Señor. 

Con afecto y gratitud en Cristo, 

Encarna
Presidenta de Vida Ascendente Tenerife 

Comisión Diocesana de Vida Ascendente



Celebración del Día de los Abuelos y el final de Curso de Vida Ascendente


Reciban un cordial saludo:

Como seguro que ya los grupos están terminando el curso, a nivel diocesano vamos a celebrar el fin de curso y el día de Los Abuelos. Les proponemos juntarnos para celebrar este bonito día. Será si Dios quiere el sábado 26 de julio a partir de las 10:00 en la Iglesia de La Candelaria en La Vera. 

Animen a sus grupos y que se inviten a los nietos si quieren participar.

Deben ponerse en contacto con Encarna o con Angustias para gestionar el tema de la guagua y el trasporte.


en Madrid de Conciliarios y presidentes de Vida Ascendente



 "Mi vida cambió radicalmente en 1993 cuando descubrí Vida Ascendente. La ilusión y el cariño con que fui recibida en Madrid, a pesar de ir sola, me marcaron profundamente. José María, Ángel, Maricarmen y Pedro Mari me acogieron como a una más, y ese calor humano me hizo sentir en casa. 

Desde entonces, he sido testigo de cómo este movimiento ha crecido y ha tocado la vida de tantas personas. He tenido el privilegio de servir como presidenta durante varios años y ahora, como vicepresidenta interdiocesana, sigo comprometida con esta hermosa causa. 

Rubén, nuestro consiliario, ha sido una verdadera bendición. Su cercanía y su entrega nos han enriquecido espiritualmente. Gracias a él, hemos vivido momentos inolvidables en nuestros retiros. 

Vida Ascendente no es solo un movimiento, es una familia. Aquí he encontrado amigos para toda la vida y he aprendido el verdadero significado de la solidaridad. Agradezco a Dios por permitirme ser parte de esta gran comunidad y por la oportunidad de servir a los demás.

Como decía San Juan Pablo II, 'no podemos parar hasta el último aliento'. Y yo, con toda mi fuerza, seguiré caminando junto a Vida Ascendente."

Celebración del Día de los Abuelos (Valle Guerra 2024)

Al terminar esta fiesta, te damos gracias, Señor, por los bienes recibidos como regalo de tu amor. Te pedimos, debido a nuestra debilidad, que si alguna vez te fallamos, no nos niegues tu perdón. Como la amistad es uno de nuestros pilares, podemos decir al Padre: hágase tu voluntad.







 

Ceuta no cabe en una frontera

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